ENSAYO
En la escuela de hoy se hace necesario generar la cultura escrita y lectora, para así trascender en los procesos de enseñanza y aprendizaje de la lengua escrita. Escribir no es plasmar símbolos sistemáticos y convencionales en un papel; sino que se trata más bien de un proceso complejo y estructural mediado por el conocimiento, pues nadie escribe de lo que no sabe.
Delia Lerner (2001) plantea “que si la escuela enseña a leer y escribir con el único propósito de que los alumnos aprendan a hacerlo, ellos no aprenderán a leer y escribir para cumplir otras finalidades (esas que la lectura y la escritura cumplen en la vida social)” En este sentido, la escuela se ha encargado de coartar y troncar los verdaderos fines de la lectura y la escritura, donde se limita su aprendizaje a un currículo estandarizado que no pareciera tener posibilidades de cambio. Es así, como la escuela enseña a leer y escribir con un único propósito, sin permitir la intervención crítica y reflexiva de los estudiantes. Es de anotar, que leer y escribir no sólo es un asunto de la escuela, sino del mismo sujeto; el ser humano quien está inmerso en un lenguaje que lo limita.
Teniendo en cuenta lo anterior, es necesario como lo afirma Delia Lerner (2001: 26) “hacer de la escuela un ámbito donde la lectura y la escritura sean prácticos vivos y vitales donde leer y escribir sean instrumentos poderosos que permitan pensar el mundo y reorganizar el propio. En este sentido urge abolir estratégicamente la enseñanza tradicional de la lectura y la escritura, a través de toma de conciencia por los agentes educativos, la familia y la misma sociedad, para que los cambio, no alteren la mirada y el enfoque de estos procesos. De ahí, que se deba comenzar con las modificaciones del currículo. (Un currículo que piense en los propósitos de la escuela y fuera de ella). Un asunto nada fácil; ya que se trata de romper parámetros y esquemas que han prevalecido por mucho tiempo. Se necesita un currículo que reflexione en sus estudiantes, que posibilite sujetos lectores y escritores a través de una cultura que se extienda y que en definitiva se interese por el aprendizaje significativo. Es decir, que se debe pensar en enseñar la lectura y la escritura desde la vida y para la vida.
Delia Lerner (2001) establece varias dificultades a las que se ven enfrentados los docentes cuando pretenden llevar la práctica a la escuela. Lo cual, no es un trabajo fácil; ya que hay que enfrentarse a arduos problemas: los propósitos de la escuela, sus contenidos, el control del aprendizaje y sus normas, que de una u otra forma regulan la enseñanza y limitan a los maestros. Siendo aquí, cuando se hace necesario valernos de instrumentos que generen cambios como lo es, el trabajo por proyectos, que permite investigación y producción, partiendo de los intereses de los chicos. Los proyectos implican una comunicación constante, abierta y flexible entre estudiantes y maestros; porque se va tejiendo según los intereses y búsquedas cognitivas. Estos, involucran varias áreas del conocimiento, alrededor de una temática central, por lo cual no hay una frontera específica entre las distintas áreas del conocimiento, sino que se integran de una manera interactiva. Partiendo de una concepción integradora y totalizante, haciendo énfasis en las relaciones de los seres con la vida, de su entorno y de la cultura que lo crea, es por esto que se dice que tienen sentido social y cultural.
Tal vez, el trabajo por proyectos pueda ser el inicio para transformar la enseñanza de la escritura y la lectura, donde la corrección y evaluación no sea unitaria y donde el maestro no sea el único que tenga el poder para corregir. De ahí, que sea necesario en pensar que leer y escribir no es un asunto de tiempos establecidos y de correcciones arbitrarias, sino de procesos que abarcarán y permanecerán durante toda nuestra existencia.
Con lo anterior, se hace indispensable pensar en que los maestros deben hacer una reflexión constante de su labor pedagógica en las aulas, es allí donde aparece en escena los diarios pedagógicos, fundamentados en la escritura y la observación; trascendiendo a la reflexión, la investigación y el mejoramiento desde su quehacer educativo. Los diarios pedagógicos están encaminados a que el maestro registre su experiencia. Esta mirada permitirá que se evalúe con claridad, expresando sus ideas, confrontándolas y relacionándolas con la teoría y metodologías existentes, para tener un cambio más amplio y con ventanas más abiertas al mundo pedagógico. Este diario pedagógico vincula no sólo la reflexión propia, sino la reflexión de sus pares, haciendo una socialización inherente y un cambio socio cultural en el ámbito educativo, dentro y fuera del aula, dentro y fuera de la escuela. Por lo tanto, se convierte en una herramienta útil y necesaria para mejorar los procesos formativos, comprometiéndonos como docentes a generar un cambio significativo en nuestro quehacer pedagógico. Cambio significativo que invita una vez más al docente a que abandone las actividades desprovistas de sentido que solo llevan a los estudiantes a alejarse de la lectura y la escritura por considerarlas como una obligación, o cumplir con currículos faltándoles aplicación de estrategias que produzcan placer y contacto con “textos” verdaderos y valiosos que sean aplicables a la vida diaria y para ello se hace necesario utilizar la herramienta de los proyectos de aula, que permiten tener en cuenta los conocimientos previos de los estudiantes, sus necesidades y gustos, además, éstos posibilitan la reflexión y la investigación, lo que permite que ellos lleguen a ser productores de lengua oral y escrita , y a sí mismo al docente lo evoca a auto cuestionar su que hacer y elaborar estrategias de mejoramiento para la generación de aprendizaje significativo. Para ello el docente utilizara el mencionado arriba diario pedagógico para analizar cambios y transformaciones en el ámbito de la lectura y escritura.
Teniendo en cuenta lo anterior, se necesitan maestros que se movilicen hacia un verdadero cambio mediado por el constructivismo, donde tomen conciencia de una verdadera cultura de la lectura y la escritura, para así hacer de la escuela un espacio de conocimiento significativo que trascienda en el sujeto, en su lenguaje, en el pensamiento y conocimiento. Finalmente, para que se genera ese cambio tan anhelado, se necesita sumergirme en el mundo de los proyectos de aula, los diario pedagógico, las adaptaciones curriculares y la investigación permanente. Donde la lectura y la escritura sean siempre actos sociales, de oportunidades y descubrimientos, para así, crear equilibrio entre enseñanza – aprendizaje y formar seres críticos y reflexivos sobre su propio pensamiento.
BIBLIOGRAFÍA
LERNER, Delia. Leer y escribir en la escuela lo real, lo posible y lo necesario. México. 2001.
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